De interés:

Transcribimos la nota publicada en en el diario La Repúbica el 25 de marzo, acerca de la publicación del libro “Poemario Elemental” de nuestro socio César Gatica.

 

 

POETA CHILENO CÉSAR GATICA PUBLICA LIBRO

 

Se titula Poemario elemental. Está prologado por el vate peruano Arturo Corcuera.

 

César Gatica es un poeta y diplomático chileno afincado en nuestro país. Acaba de publicar su libro Poemario elemental con el sello editorial Noceda.


El poemario, prologado por el poeta peruano Arturo Corcuera, reúne una serie de textos en el que el vate decanta sus pensamientos poéticos, que se originan, unos, en la reflexión de textos de poetas clásicos y, otros, los que devienen de la experiencia vital.


Escritos con natural, los versos de Gatica rozan a veces la nostalgia del terruño, lo existencial, el paraíso perdido de la infancia y también los sentimientos más personales.


Corcuera subraya en el prólogo lo siguiente: "El poema de la muerte" es interesante. Me gustó de modo especial: "Entraré en tus tétricos cortijos/ La verdad casi sin sustos/ Con el mejor de los rictus/ Que permita mi triste rostro".
También anota estos versos de amor: "Tu sabia, tu clorofila/ Entraron en mi cuerpo/ Se incorporaron en mis huesos, en mi carne".

 

 

 

 

CRÓNICAS DE VIAJE - SUECIA

 

Hoy hablaré de este gran país. Mis antiguos amigos saben que he tenido cierta predilección por Suecia... y sus habitantes, así que creo hablar con cierto conocimiento de causa.

Suecia es algo así como Inglaterra sin neblina.


Y el parecido no es casual, porque todo el país está organizado de manera que el inglés se siente como en su propia colonia. La suprema felicidad del sueco estriba en que lo crean británico y, para conseguirlo, ha perfeccionado una distinguida cara de palo, ha puesto su cerebro en blanco y -mojándose los pies en agua fría todas las noches- se ha hecho propietario de una "flema" que raya en la bronquitis aguda. Son tan copiones que para lograr el acento hemipléjico de Oxford han recurrido a una treta incalificable:


-¿Y ese tartamudo quién es?


-El profesor de inglés.


En Suecia han adoptado el cricket, las costumbres y la hipocresía. No han adoptado a Churchill porque tendrían que soportar sus pinturas y eso es demasiado, hasta para un sueco. En su relación con la Gran Bretaña, Suecia resulta ser un jabón traducido al queso. O una momia sin club. O una isla de agua rodeada de tierra por todas partes. Sólo se diferencia en las mujeres, porque en Inglaterra la inglesa es una refrigeradora con peluca y en Suecia lo único que las mujeres tienen frío es el clima. Como un motor sin agua, la sueca se recalienta cada dos calles y de tanto recalentarse parece una comida de ayer de mujer. Pero esto no significa que sea verídica la historia que nos han contado acerca de su versatilidad amatoria en el campo de batalla. No hablo por experiencia, ya que viajé altamente fichado, sino por ciencia, después de ver el fracaso de algunos latinos que se afeitaban, bañaban, perfumaban, eleganteaban y salían a "matar" suecas, para terminar, como vendedores de periódicos, dando pena en las esquinas.


-Adiós, corazón de arroz...


-¡¡De upiffade trakakarna frarlalaten magnumbutelj!!


-Por favor, repita, que no le entendí la última palabra...


Lo malo es que tampoco se entendía ninguna, porque Suecia es el único país del mundo, donde se habla en taquigrafía. La primera vez que entré a la oficina de correos en Estocolmo, para despachar un telegrama, creí que el empleado estaba leyendo directamente en morse:


-Ti tititi ti ti titi tititi ti...


Pero no. Estaba contando las palabras en su idioma. Pero después me cobró en dólares, que hoy por hoy, digan lo que digan, sigue siendo la moneda "local" en todo el mundo. Se ha elogiado mucho, mucho, la cultura lingüística de los suecos por el hecho de que un gran número de ellos habla tres o cuatro idiomas. Pero eso no es cultura sino defensa propia, ya que si un sueco no habla más que sueco y sale al extranjero, no lo entienden ni los cicerones y se muere de hambre a los nueve días porque si, por ejemplo, pide que le sirvan una "truyakamatruca" el mozo tiene todo el derecho del mundo de zamparle dos cachetadas y dejarlo reducido a su mínima "suequez".


-Sí señor. Le pegué una patada al sueco porque me dijo "estúpido"...


-Ignorante. No le dijo estúpido sino "hest upit ol", o sea "deme un poco de aceite".


.Bueno, en ese caso "esquiusmi".


En todo el mundo, aquello de "hacerse el sueco" es como hacerse el indiferente o el distraído, pero en el país que te cuento la cosa es completamente al revés. Si uno no se hace el sueco se lo comen crudo porque los nativos de Estocolmo parecen alimentados por la famosa loba de Rómulo y Remo. Son unos campeones en el arte de "limarle" los dólares al extranjero y cuando uno menos lo piensa está preguntando si el Banco puede prestarnos cinco dólares paras comprar una trusa y regresar nadando al Callao. En Suecia no haya vendedores de periódicos ambulantes, pordioseros, suerteros ni vendedores de comida. No se da propina, pero en cambio a uno le asesinan el presupuesto por la espalda.


-Hombre, qué bien. De manera que en este aeropuerto no se da propina...


-No. Pero tiene usted que pagar tres dólares por cada bulto, por "traslado de equipaje".


Es decir, por tres dólares yo me llevo un ropero al hombro desde el aeropuerto del Callao a Miraflores, pero en Estocolmo hay que desangrar esta suma aunque el equipaje no pase de una camiseta usada. Así es todo. Hay que tener un ojo de cuarenta diatrías y comer en los restaurantes con un notario público al costado para que certifique los precios. De lo contrario le hacen a uno cada número de magia que ni Mandrake cuando tenía el frac sin parches.


-Oiga mozo, ¿cómo cuarenta coronas, si en el menú decía veinticinco?


-¿Brujt mamatruka oi sjotunga?


Cuando se les reclama contestan en sueco y no hay manera de ganarles el partido. Por esto, cada comida en Suecia parece un entierro, por la cantidad de "coronas" que van detrás. Mi primera noche en Estocolmo arrojé un déficit como de Ministerio. Hice cuentas con su respectiva prueba del nueve, de manera que no había error. Pensé que en Suecia no existía la mendicidad pero que si las cosas seguían en ese tren, en dos o tres días me vería obligado a inaugurar el gremio. Salí a tomar el aire y de paso pregunté a un conserje la dirección del hotel, por si las moscas. En Suecia "calle" se dice "gatan". Jakobsgatan es "la calle de Jacobo" y Sturegatan es "la calle de la sombrilla". Bueno, cuando supe la dirección de mi hotel comprendí que estaba predestinado a pasarlas como la mona.


El nombre de la calle era "Fregatan"
En Suecia no hay propinas. No por falta d quien la reciba sino por falta de quien las dé.


En general, el sueco tiene un gran amor por la "corona". No sólo por la que lleva Gustavo Adolfo y Silvia en sus reales cocos sino la que circula de mano en mano bajo forma de monedas. De una gran timidez para el gasto, el sueco resulta ser algo así como un escocés vestido de civil, que jamás compra nada en la calle y que


-como los valientes serranos peruanos- entiende por "aquicito nomás" toda distancia menor de cuarenta calles y usa "el carrito de San Fernando" hasta que le sale en las patongas un callo que va desde el talón al dedo gordo.


-¿Así que te v as a China? ¿En qué avión?


-A pié.


Esta política de no usar el monedero en público es la razón de que en Estocolmo no tengan suerteros, pordioseros, lustradores, rateros, colectas, cuidadores de autos, chocolatetros, heladeros ambulantes y colectivos. Hace mucho tiempo se realizó en el país una colecta a beneficio de los Niños Mayores de Treinta Años, que arrojó un balance de siete escarapelas sobrantes y dos coronas con treinta centavos. Claro que la colecta fue realizada por suecos y no por suecas, lo cual es un handicap porque ver a un sueco,de cerca es como para no comer queso en el resto de la vida. En cambio las suecas merecen comentarios que sólo se pueden hacer en rueda de amigos.


-¿Y verdad que hay nudistas en Suecia?


-Si. Especialmente bajo la ducha.


Los suecos han logrado una perfecta uniformidad social que ha hecho del país uno de los más adelantados del mundo. Sin embargo, el precio de este adelanto ha sido muy alto porque -en cierto modo- han sacrificado la individualidad en beneficio del automatismo colectivo que es desesperante. El sueco hace lo que le dicen las autoridades y respeta sus leyes, lo cual es totalmente incomprensible para nosotros, que hacemos lo que nos da la gana porque somos altamente machos. Todos l.os suecos son correstos, respetuosos, educados, honestos y trabajadores. Es imposible, por ejemplo, explicarles lo que es un mestizo holgazán. No lo creerían.
-Mire, don Strujen, en nuestros países los policías tiran palo, los choferes de los servicios públicos patean a los pasajeros , las calles están llenas de niños que no van a la escuela por vender caramelos y lustrar zapatos, a los ladrones se les respeta y a los honrados se les dice una cosa que no se la digo porque no la va a entender.


-Imposible heer Yoseluisen, un país así no existe.


Y se lo dicen a uno, ¿se dan cuenta? A veces nos quejamos de que en Europa nos ignoren, pero es que -para los efectos de la cultura europea- todavía no existimos, "no podemos ser", repitiendo la frase del célebre caballo que, viendo su comida, dijo: "¡Pienso... luego existo!". La honradez sueca llega a tales extremos que uno puede dejar a su abuelita en medio de la nieve, durante toda la noche, sin el menor peligro de que alguien se la rapte. Tremendo ejemplo que llenaría de rubor a nuestros intrépidos pandilleros criollos, virtuosos de la mandarria y la "pata de cabra" que con un simple destornillador son capaces de robarse el Puente de Hierro del Ejército aprovechando la fugaz oscuridad de un eclipse.


-¡Ay, mi madre... ladrones...!


-¡Qué fué... la cartera?


-No... me robaron el tren.


Donde los suecos pierden la cabeza y luego el equilibrio es en matreria de echarle al trago. Les gusta el aguardiente como alpiste al canario y si les dan a escoger entre Sofía Loren (sin más traje que los pendientes) y una botella de "visky", como dicen, noventa y nueve suecos de cada cien se irán por el pomo. El sueco restante se irá por un médico para preguntarle qué es lo que le sucede. Clatro que el borracho nórdico no grita ni atropella y se limita a contarle en voz baja sus intimidades al poste más cercano pero uno ve tantos suecos con turca que no se sorprende nada cuando ve una turca con un sueco. Los sábados por la noche Estocolmo parece un Terminal Marítimo de pelo rubio, y no se puede respirar, porque el tufo sueco es una de las cosas más espantosas que me han visitado la pituitaria. Cuando un sueco se "tranca" parece como si se hubiera muerto por horas.


-Pofff... cómo huele tu tío... ¿está borracho?


-No. Murió hace tres días.


Cuando llegué a Estocolmo alguien me advirtió que en el país no se acostumbraba dar propinas en los lugares públicos, y yo confiado le entregué mi corazón, pagando lo justo cuando me presentaban la cuenta. Siempre el mozo murmuraba la misma palabra: "Oki-ñoki" que yo interpreté desde el comienzo como "gracias".


.¡¡Oki-ñoki...!!


-No hay de qué.


Y me retiraba, seguro de haber quedado como un hombre de mundo. Bueno, resulta que en Suecia "sí" aceptan propinas y "gracias" se dice de otra forma, porque al priner sueco que le dije oki-ñoki casi me zampa una cachetada. Pregunté a un sabido por el significado de la palabrita y casi me privo:


.¿Oki-ñoki? Ah, sí, quiere decir "miserable asqueroso". ¿Por qué?

 

José Luis López Marcos.

 

 

 

 

 

ARANTZAZUKO ANDRE MARIA POTOSI HIRIAN

 

Acaba de llegar a mis manos un interesantísimo relato titulado:
“Nuestra Señora de Aranzazu en Potosí – Arantzazuko Andre María Potosiko Hirian”, escrito por mi condiscípulo José Miguel Esnaola.

 

Sinceramente, todo emigrante vasco debiera leerlo, siendo de mucho interés conocer los primeros pasos de los que nos antecedieron en la emigración vascongada, dando origen a una Hermandad de la Nación Bascongada ejemplar, a finales del siglo XVI, como se constata por el libro de Inventarios del año 1590, en la Villa Imperial de Potosí.

 

Es, sin duda, la primera Euskaletxea en el mundo, con unas Constituciones detalladas y precisas de sus quehaceres, que servirían de guía y modelo para la Hermandad Bascongada de Nuestra Señora de Aranzazu fundada en Lima en 1612 y en Arequipa en 1660.

 

Recomendamos a todas las Euskaletxeak, como un libro infaltable en sus bibliotecas.

 

Jon Guarrotxena.

 

 

 

 

UN HOMBRE FUERA DE SERIE

 

Me encontraba de viaje, y cuando regresé después de dos meses, me encontré con la ingrata nueva del deceso de mi buen amigo Pedro Aramburu. Sentí mucho no haber estado en los últimos momentos acompañándolo, tanto a él como a su entrañable esposa (mi Hada Madrina Jayone), e hijos.

¿Qué se puede decir para describir la pena? Quizá se pueda mitigar un poco recordándolo, no como se encontraba últimamente, sino cómo era hace unos años. No me convence el decir resignado de que ahora ya descansa en paz. Uno se aferra a la vida con uñas y dientes y la expresión de que mientras hay vida hay esperanzas, para mí continua vigente.

 

Estoy seguro que consciente o inconsciente, el tenerlo con un hálito de vida era seguir teniendo al Hombre en casa. Al Hombre, con mayúscula, porque sólo puede ser hombre quien no lo es, el adolescente, por ejemplo, o el vanidoso. Quien es verdaderamente hombre se preocupa por aparentarlo. Hay que apresurarse a desembarazarse de lo que se teme perder. El mismo miedo es un signo de la consecuencia de lo que se teme perder. La “vida” que puede perderse no es la VIDA. Ni la existencia que “puede” perderse es verdadera existencia. Renunciar a todo por amor (que es más fuerte que la muerte) es una nimiedad para quien verdaderamente ama. El verdadero ascetismo comienza con la supresión del miedo a perder lo que puede ser perdido. El asceta no tiene miedo.

 

Lo quiero recordar lleno de vitalidad, de alegría de vivir, noble como pocos, capacidad inagotable de amar, inteligencia creadora, profesional de éxito, nobleza y lealtad, generoso, humano, compenetrado con los más altos valores. Tenacidad inquebrantable.

Conversador, siempre entretenido, humor originalísimo, diferente y contagioso. Las palabras “vanidad” y “jactancia” no estaban en su diccionario personal. Era original, hasta la manera de sonreír dulcemente cuando hablaba con humor.

 

Adónde y cómo lo conocí, se me escapa del recuerdo, entre las esfumadas nieblas de tiempos pasados. Pero lo recuerdo desde hace muchos años. Delgado, mirada vivaz y penetrante. Ya tenía una personalidad fuera de lo común, que fue evolucionando a través de los años hasta que llegó a ser lo que quiso ser: triunfó como empresario y se casó con la mujer de su vida.

Como persona fue Presidente de nuestra “Euskal Etxea”, actuando siempre en defensa de los intereses de ella.

 

Fui, desde hace mucho tiempo, amigo de la pareja. Pero hubo un momento que llegamos a ser íntimos. Surgió entre nosotros, ese tipo de intimidad en que se puede hablar de todo, cuando mi situación económica fue inestable, volcándose ellos en mi ayuda desinteresadamente. Ahí comenzó cuando un día descubrimos que coincidíamos en nuestro concepto de amistad.

Éramos humanistas y no comprendíamos como era posible que hubiera gente cuya única vocación fuera el poder por el poder y el enriquecimiento sin límites. La amistad se reforzó cuando descubrimos que amábamos el buen vino y la buena comida.

 

Algunas veces iba a comer a su casa y apenas llegaba escogíamos un buen vino. Pero, a veces, la conversación era tan interesante que sin darnos cuenta, ya se había pasado la hora de beber. Otras veces la discusión sobre cuestiones económica era tan apasionada que el tiempo parecía detenerse. Para mí, Pedro no ha muerto. Sigue vivo en mi memoria y en mi corazón, en el de su esposa y en el de sus hijos. Fue un marido ejemplar y un padre que no tuvo sino un defecto. El mismo defecto que tuvo mi padre: hacerse amar demasiado por sus hijos y amigos.


José Luis López Marcos.

 

 

 

 

UN SIMPLE CORTE DE PELO ... EN MADRID

 

En mi último viaje a España, dos días antes de regresar a Lima y estando ya en Madrid, una mañana, al afeitarme noté en el espejo que un triste mechón de cabellos plateados caía sobre mí frente a manera de rizo; al pasarle el peine quedé como un ligero ventarrón al mejor estilo de Don Miguel A veces Gemía (o Aceves Mejía, algo así era el mariachi), así que antes de que la cosa empeorara y empezara a parecerme a la Tongolele, decidí hacerme un simple corte de cabello, aquí en Madrid, para llegar un poco decentemente a Lima.

 

Lo primero que hice fue entrevistar a los empleados del hotel y preguntarles dónde se cortaban el pelo, y me di el trabajo de apuntar bien las direcciones para no caer nunca en esos terribles centros experimentales peluqueriles en donde asesinos de la tijera han dejado a la mayoría de mis conocidos como muñecos de tren fantasma de alguna feria, ese que se avería y lo empuja un grupo de gente más aterradora que los propios muñecos.

 

Al día siguiente caminé unas veinte calles buscando un sitio decente y barato, en las direcciones que había apuntado, donde pudieran desrizarme, y así me puse a husmear dentro de varios antros “coiffures” unisexes donde mal habladas matronas y estilistas de sexo equivocado -posibles cero positivo- blandían con impunidad elementos punzo cortantes y accesorios espeluznantes de apariencia sadomasoquista. En una de estas peluquerías tiene que haberse inspirado El Gran Combo de Puerto Rico para poner la salsa “Yo soy el barbero loco...”

 

Luego de esta sorpresivamente extraña investigación, logré ubicar un local de mediano tamaño, en toda una esquina, de apariencia sobria y varonil, con aspecto de peluquería de las de antes, cuyo letrero rezaba: “Barber Shop”. No había más ad hot por el momento...

Ingresé con paso firme y seguro... para recular de inmediato al toparme con media docena de especimenes de esos que llaman “metrosexuales”, algo así como Silvestre Stallones pero con las trencitas de Pinnina y las cejas de Elizabeth Taylor... No pueden imaginar mi consternación ipso facto.

 

Se acercó atentamente un boricua (puertorriqueño) llamado Chez, joven estilista, sospechosamente flaco y demasiado amable para mi gusto, tanto que parecía una calavera coqueta recién sacada de su cripta.

 

Me invitó a tomar asiento en un sillón profesional a lo cual accedí sin poder evitar un ligero temblor en mis rodillas. Chez vestía como casi todos los muchachos de por aquí, es decir, con polos y camisas cuatro o cinco tallas más grandes que su deficitario cuerpo (a la mayoría los polos les cubren las rodillas). Me señaló a varios de sus clientes que estaban en plena tertulia y fue allí cuando lo miré fijamente a los ojos y le dije, con la mayor diplomacia que me fue posible, que si me dejaba como cualquiera de aquellos fallidos experimentos androgénicos, le iba a regalar media hora de patadas ahí por donde, al parecer, se divierte.

 

Luego de cerciorarme que había captado bien el mensaje, le dije que me cortara el pelo como Mel Gibson. Chez me contestó, haciendo uso de neurona más saludable, que Mel Gibson no era peluquero sino artista de cine... así que ya empezamos a comunicarnos en ese nivel de ondas cerebrales Gamma, que entienden cuando les da la gamma, y no tuve más opción que dejar mi delicada cabellera en sus tatuadas manos, confiado en su inspiración profesional.

 

Cuando me percaté que dicha inspiración andaba por caminos entre el rococó barroco y las máscaras de la Tragedia y la Comedia, y antes de quedar como un Pedro Picapiedra gay, preferí asegurar la cosa y le pedí que me hiciera un corte militar, pero sin surcos en forma de zetas, ni canales africanos, ni peladas a lo “Mister T”, como es por aquí la usanza de la mayoría de sus clientes color teléfono antiguo de bakelita.

 

Parece que le molestó la cosa, no sólo por el fuerte aleteo de sus pestañas azules sino porque me dejó como Steve Mc Queen pero en la película “Papillon” justo cuando salía del pantano de la prisión de Cayena, mojado y perseguido por un cocodrilo...

 

Al reclamarle me dijo muy seguro de sí mismo que el corte estaba “regio”, lo que estaba torcido era mi rostro... Pensé que quizás tenía razón, después de tantas muecas que tengo que hacer a diario para que estos atorrantes de madrileños con su hablar “castizo”, entiendan mi elegante español.

Salí a la calle sin mirar atrás y poniendo cara de malevo, para que nadie se me prenda, pero me parece que aquí todo el mundo andaba como le daba la gana y que a casi nadie le importa nada; además la mayoría estaba peor que yo, lo cual me obliga a darle la razón a aquel que decía que Spielberg y Lukas no tienen mucha imaginación, sólo se suben al Metro de Madrid y allí encuentran a todos sus personajes...

 

Acá, en Madrid, la moda se polariza entre unos peinados trenzados a lo Bob Marley (seguramente con los 7 piojos que le encontraron en la autopsia) y unas cabezas rapadas, no sé si con run-run o con máquina de pelar naranjas o quizá con algún objeto de tortura nazi.

 

Contra todos los pronósticos mi corte le pareció adecuado al elemento femenino y nadie se atrevió a burlarse, pero he tenido que dejar de usar mi camiseta blanca para que no me sigan preguntando si compartí la celda con el Dr. Hannibal Lecter...

 

José Luis López Marcos.

 

 

 

 

 

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