CRÓNICAS DE VIAJE - SUECIA
Hoy hablaré de este gran país. Mis antiguos amigos saben que he tenido cierta predilección por Suecia... y sus habitantes, así que creo hablar con cierto conocimiento de causa.
Suecia es algo así como Inglaterra sin neblina.
Y el parecido no es casual, porque todo el país está organizado de manera que el inglés se siente como en su propia colonia. La suprema felicidad del sueco estriba en que lo crean británico y, para conseguirlo, ha perfeccionado una distinguida cara de palo, ha puesto su cerebro en blanco y -mojándose los pies en agua fría todas las noches- se ha hecho propietario de una "flema" que raya en la bronquitis aguda. Son tan copiones que para lograr el acento hemipléjico de Oxford han recurrido a una treta incalificable:
-¿Y ese tartamudo quién es?
-El profesor de inglés.
En Suecia han adoptado el cricket, las costumbres y la hipocresía. No han adoptado a Churchill porque tendrían que soportar sus pinturas y eso es demasiado, hasta para un sueco. En su relación con la Gran Bretaña, Suecia resulta ser un jabón traducido al queso. O una momia sin club. O una isla de agua rodeada de tierra por todas partes. Sólo se diferencia en las mujeres, porque en Inglaterra la inglesa es una refrigeradora con peluca y en Suecia lo único que las mujeres tienen frío es el clima. Como un motor sin agua, la sueca se recalienta cada dos calles y de tanto recalentarse parece una comida de ayer de mujer. Pero esto no significa que sea verídica la historia que nos han contado acerca de su versatilidad amatoria en el campo de batalla. No hablo por experiencia, ya que viajé altamente fichado, sino por ciencia, después de ver el fracaso de algunos latinos que se afeitaban, bañaban, perfumaban, eleganteaban y salían a "matar" suecas, para terminar, como vendedores de periódicos, dando pena en las esquinas.
-Adiós, corazón de arroz...
-¡¡De upiffade trakakarna frarlalaten magnumbutelj!!
-Por favor, repita, que no le entendí la última palabra...
Lo malo es que tampoco se entendía ninguna, porque Suecia es el único país del mundo, donde se habla en taquigrafía. La primera vez que entré a la oficina de correos en Estocolmo, para despachar un telegrama, creí que el empleado estaba leyendo directamente en morse:
-Ti tititi ti ti titi tititi ti...
Pero no. Estaba contando las palabras en su idioma. Pero después me cobró en dólares, que hoy por hoy, digan lo que digan, sigue siendo la moneda "local" en todo el mundo. Se ha elogiado mucho, mucho, la cultura lingüística de los suecos por el hecho de que un gran número de ellos habla tres o cuatro idiomas. Pero eso no es cultura sino defensa propia, ya que si un sueco no habla más que sueco y sale al extranjero, no lo entienden ni los cicerones y se muere de hambre a los nueve días porque si, por ejemplo, pide que le sirvan una "truyakamatruca" el mozo tiene todo el derecho del mundo de zamparle dos cachetadas y dejarlo reducido a su mínima "suequez".
-Sí señor. Le pegué una patada al sueco porque me dijo "estúpido"...
-Ignorante. No le dijo estúpido sino "hest upit ol", o sea "deme un poco de aceite".
.Bueno, en ese caso "esquiusmi".
En todo el mundo, aquello de "hacerse el sueco" es como hacerse el indiferente o el distraído, pero en el país que te cuento la cosa es completamente al revés. Si uno no se hace el sueco se lo comen crudo porque los nativos de Estocolmo parecen alimentados por la famosa loba de Rómulo y Remo. Son unos campeones en el arte de "limarle" los dólares al extranjero y cuando uno menos lo piensa está preguntando si el Banco puede prestarnos cinco dólares paras comprar una trusa y regresar nadando al Callao. En Suecia no haya vendedores de periódicos ambulantes, pordioseros, suerteros ni vendedores de comida. No se da propina, pero en cambio a uno le asesinan el presupuesto por la espalda.
-Hombre, qué bien. De manera que en este aeropuerto no se da propina...
-No. Pero tiene usted que pagar tres dólares por cada bulto, por "traslado de equipaje".
Es decir, por tres dólares yo me llevo un ropero al hombro desde el aeropuerto del Callao a Miraflores, pero en Estocolmo hay que desangrar esta suma aunque el equipaje no pase de una camiseta usada. Así es todo. Hay que tener un ojo de cuarenta diatrías y comer en los restaurantes con un notario público al costado para que certifique los precios. De lo contrario le hacen a uno cada número de magia que ni Mandrake cuando tenía el frac sin parches.
-Oiga mozo, ¿cómo cuarenta coronas, si en el menú decía veinticinco?
-¿Brujt mamatruka oi sjotunga?
Cuando se les reclama contestan en sueco y no hay manera de ganarles el partido. Por esto, cada comida en Suecia parece un entierro, por la cantidad de "coronas" que van detrás. Mi primera noche en Estocolmo arrojé un déficit como de Ministerio. Hice cuentas con su respectiva prueba del nueve, de manera que no había error. Pensé que en Suecia no existía la mendicidad pero que si las cosas seguían en ese tren, en dos o tres días me vería obligado a inaugurar el gremio. Salí a tomar el aire y de paso pregunté a un conserje la dirección del hotel, por si las moscas. En Suecia "calle" se dice "gatan". Jakobsgatan es "la calle de Jacobo" y Sturegatan es "la calle de la sombrilla". Bueno, cuando supe la dirección de mi hotel comprendí que estaba predestinado a pasarlas como la mona.
El nombre de la calle era "Fregatan"
En Suecia no hay propinas. No por falta d quien la reciba sino por falta de quien las dé.
En general, el sueco tiene un gran amor por la "corona". No sólo por la que lleva Gustavo Adolfo y Silvia en sus reales cocos sino la que circula de mano en mano bajo forma de monedas. De una gran timidez para el gasto, el sueco resulta ser algo así como un escocés vestido de civil, que jamás compra nada en la calle y que
-como los valientes serranos peruanos- entiende por "aquicito nomás" toda distancia menor de cuarenta calles y usa "el carrito de San Fernando" hasta que le sale en las patongas un callo que va desde el talón al dedo gordo.
-¿Así que te v as a China? ¿En qué avión?
-A pié.
Esta política de no usar el monedero en público es la razón de que en Estocolmo no tengan suerteros, pordioseros, lustradores, rateros, colectas, cuidadores de autos, chocolatetros, heladeros ambulantes y colectivos. Hace mucho tiempo se realizó en el país una colecta a beneficio de los Niños Mayores de Treinta Años, que arrojó un balance de siete escarapelas sobrantes y dos coronas con treinta centavos. Claro que la colecta fue realizada por suecos y no por suecas, lo cual es un handicap porque ver a un sueco,de cerca es como para no comer queso en el resto de la vida. En cambio las suecas merecen comentarios que sólo se pueden hacer en rueda de amigos.
-¿Y verdad que hay nudistas en Suecia?
-Si. Especialmente bajo la ducha.
Los suecos han logrado una perfecta uniformidad social que ha hecho del país uno de los más adelantados del mundo. Sin embargo, el precio de este adelanto ha sido muy alto porque -en cierto modo- han sacrificado la individualidad en beneficio del automatismo colectivo que es desesperante. El sueco hace lo que le dicen las autoridades y respeta sus leyes, lo cual es totalmente incomprensible para nosotros, que hacemos lo que nos da la gana porque somos altamente machos. Todos l.os suecos son correstos, respetuosos, educados, honestos y trabajadores. Es imposible, por ejemplo, explicarles lo que es un mestizo holgazán. No lo creerían.
-Mire, don Strujen, en nuestros países los policías tiran palo, los choferes de los servicios públicos patean a los pasajeros , las calles están llenas de niños que no van a la escuela por vender caramelos y lustrar zapatos, a los ladrones se les respeta y a los honrados se les dice una cosa que no se la digo porque no la va a entender.
-Imposible heer Yoseluisen, un país así no existe.
Y se lo dicen a uno, ¿se dan cuenta? A veces nos quejamos de que en Europa nos ignoren, pero es que -para los efectos de la cultura europea- todavía no existimos, "no podemos ser", repitiendo la frase del célebre caballo que, viendo su comida, dijo: "¡Pienso... luego existo!". La honradez sueca llega a tales extremos que uno puede dejar a su abuelita en medio de la nieve, durante toda la noche, sin el menor peligro de que alguien se la rapte. Tremendo ejemplo que llenaría de rubor a nuestros intrépidos pandilleros criollos, virtuosos de la mandarria y la "pata de cabra" que con un simple destornillador son capaces de robarse el Puente de Hierro del Ejército aprovechando la fugaz oscuridad de un eclipse.
-¡Ay, mi madre... ladrones...!
-¡Qué fué... la cartera?
-No... me robaron el tren.
Donde los suecos pierden la cabeza y luego el equilibrio es en matreria de echarle al trago. Les gusta el aguardiente como alpiste al canario y si les dan a escoger entre Sofía Loren (sin más traje que los pendientes) y una botella de "visky", como dicen, noventa y nueve suecos de cada cien se irán por el pomo. El sueco restante se irá por un médico para preguntarle qué es lo que le sucede. Clatro que el borracho nórdico no grita ni atropella y se limita a contarle en voz baja sus intimidades al poste más cercano pero uno ve tantos suecos con turca que no se sorprende nada cuando ve una turca con un sueco. Los sábados por la noche Estocolmo parece un Terminal Marítimo de pelo rubio, y no se puede respirar, porque el tufo sueco es una de las cosas más espantosas que me han visitado la pituitaria. Cuando un sueco se "tranca" parece como si se hubiera muerto por horas.
-Pofff... cómo huele tu tío... ¿está borracho?
-No. Murió hace tres días.
Cuando llegué a Estocolmo alguien me advirtió que en el país no se acostumbraba dar propinas en los lugares públicos, y yo confiado le entregué mi corazón, pagando lo justo cuando me presentaban la cuenta. Siempre el mozo murmuraba la misma palabra: "Oki-ñoki" que yo interpreté desde el comienzo como "gracias".
.¡¡Oki-ñoki...!!
-No hay de qué.
Y me retiraba, seguro de haber quedado como un hombre de mundo. Bueno, resulta que en Suecia "sí" aceptan propinas y "gracias" se dice de otra forma, porque al priner sueco que le dije oki-ñoki casi me zampa una cachetada. Pregunté a un sabido por el significado de la palabrita y casi me privo:
.¿Oki-ñoki? Ah, sí, quiere decir "miserable asqueroso". ¿Por qué?
José Luis López Marcos.
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